Fue el tema estrella del otoño. La gripe A se convirtió en una gran obsesión, una especie de amenaza para la sociedad. Los expertos trataban de tranquilizar a la población sin conseguirlo. “Es una gripe más, causada por un virus diferente, pero no hay motivos para la alarma” decían los especialistas en enfermedades infecciosas, intentando calmar la ansiedad, pero sin éxito. El deporte también se vio afectado a finales de 2009 por la alarma ante la gripe A. El entrenador del Atlético de Madrid, Quique Flores debió estar una semana aislado hasta que los síntomas remitieron. Varios jugadores de fútbol, en especial del Barcelona y del Betis, estuvieron afectados. Pero al final, los clubes se decidieron a no vacunar a sus jugadores del virus H1N1. La gripe estacional, la otra, la de toda la vida, siempre acechó a los deportistas, que se encuentran expuestos no sólo como cualquier otro ciudadano, sino en mayor medida por el hecho de tener un sistema inmune que ya sufre el agotamiento del entrenamiento, la competición y el estrés de la exigencia de resultados.
Chema Martínez, el genial corredor de maratón de Las Rozas (Madrid) hubo de cambiar sus planes hace dos años por culpa de la gripe común. Sucedió en febrero de 2008. Chema, el mejor clasificado de nuestros atletas en los maratones de Osaka 2007, Pekín 2008 y Berlín 2009, se veía obligado a renunciar al Maratón de Barcelona por una gripe. El madrileño llevaba varios días sin poder entrenarse, justo en la fase determinante de su preparación, a tres semanas de la carrera. Cualquier deportista puede sentir lo que vivió Chema. La angustia de los días de preparación perdidos, las dudas, la rabia, la impotencia, el cambio de planes, etc. En suma, la injusticia de una carrera como la de los 42,195 kilómetros, en la que uno se la juega al todo o nada demasiado a menudo.
Todo un campeón mundial de maratón, Martín Fiz, cuenta en su biografía que, cuando estaba resfriado, solía escaparse de la cama para ir a entrenar. Lo hacía a escondidas, sin que su mujer se diera cuenta y en contra de las indicaciones de su médico. Ahora se arrepiente de ello y no lo aconseja a ningún corredor. “No hay que ponerse nervioso–suele decir el alavés-. Cuando uno tiene fiebre, se mete dos días en la cama, suda y punto. Nunca hay que agobiarse por perderse algún día de entrenamiento”.
Reposo y antitérmicos
Lo cierto es que los consejos de Martín son muy sabios desde el punto de vista médico. Si un deportista contrae un resfriado (del mismo modo que en el caso de una gripe, porque ambas infecciones son causadas por virus) las medidas terapéuticas más eficaces son el reposo, los medicamentos antitérmicos (ibuprofeno y paracetamol son las mejores opciones), la rehidratación y la vitamina C. Siempre es clave el reposo durante una infección respiratoria. Permite que el sistema inmune (nuestras defensas) trabaje con la máxima eficacia para acabar con la enfermedad. Se recomienda estar en cama si la fiebre supera los 38 grados y no arroparse demasiado. La antigua obsesión por abrigar a las personas que tenían fiebre ha demostrado ser errónea desde el punto de vista médico. Ante una fiebre muy elevada incluso se aconseja que el enfermo con gripe se dé un baño templado para bajar la temperatura de su cuerpo.
Otra medida fundamental en la recuperación del resfriado o la gripe es beber líquidos en abundancia. Esto ayuda, junto a la ingesta de vitamina C, a mejorar el estado de las mucosas respiratorias, dañadas por la infección. Beber zumo de naranja es especialmente recomendable en estos casos porque de este modo “se matan dos pájaros de un tiro”. Es importante dejar claro que los resfriados son enfermedades causadas con virus, y que los antibióticos sólo son útiles para aniquilar bacterias. En otras palabras, los antibióticos poco pueden hacer como tratamiento de una persona resfriada.
En realidad, existe una curiosa relación entre los deportistas y la posibilidad de contraer un resfriado. Un estudio llevado a cabo en California por el doctor Nieman investigó a un total de 2.311 corredores de fondo para establecer si el riesgo de sufrir un resfriado era similar, superior o inferior al de una persona normal. Los resultados fueron muy interesantes. Por un lado, los individuos que se entrenaban de forma moderada demostraron estar más protegidos que una persona normal frente a la infección. Por el contrario, aquellos que superaban los 100 kilómetros semanales de entrenamiento presentaron un riesgo elevado de sufrir infecciones respiratorias, en concreto, el doble del existente en los atletas que corrían apenas 30 kilómetros semanales. Se ha demostrado, además, que en la semana siguiente a correr un maratón, el riesgo de sufrir un resfriado aumenta.
Lo que se conoce en medicina como resfriado común (recientemente adaptado del inglés “common cold”) es realmente una rinitis infecciosa. La gripe es una enfermedad muy similar al resfriado pero más severa. Presenta síntomas similares (fiebre, tos, congestión nasal, estornudos, dolor de garganta) pero más intensos que los del resfriado. Está causada por el virus de la influenza (por eso la gripe se denomina “flu” en inglés), mientras que el resfriado suele estar originado por el rinovirus. La gripe suele incorporar además los dolores musculares (el famoso “trancazo”) que el resfriado no presenta. Y es muy debilitante. Por eso Chema Martínez se vio obligado a cancelar su participación en Barcelona en marzo de 2008. Pero no esperó demasiado. Un mes después ganaba el Maratón de Madrid.
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