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INVESTIGACIÓN Y PREVENCIÓN |
¿HAY LÍMITES EN LA EVOLUCIÓN DEL SER HUMANO?
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“Usain Bolt considera que puede rebajar en una décima
sus asombrosos 9.58 en los 100 metros lisos” |
Por el Dr. Ignacio Romo
Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología
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Fue uno de los que se atrevieron a predecir el futuro del rendimiento físico. Le llamaban “coach Hamilton” y en 1935 se hizo famoso simplemente por publicar una lista. Se trataba de una predicción acerca de los límites absolutos del ser humano en las pruebas de atletismo. Este respetado entrenador de la Universidad de California pronosticó, por ejemplo, que el tope máximo en salto de altura se situaría algún día en 2,11 metros y que esta altura jamás sería superada, como tampoco nadie atravesaría el muro de los cuatro minutos en la milla.
La ironía es que las predicciones del entrenador Hamilton (que hoy en día provocan la risa por haberse quedado extremadamente cortas) despertaron burlas porque algunas de las plusmarcas que proponía (¡como los 4,60 metros en salto con pértiga!) se consideraban límites totalmente inalcanzables. Hoy en día, el ser humano ya ha sido capaz de saltar 2,45 metros en altura y correr la milla en 3:43.13. Además el ucraniano Sergey Bubka (famoso por su forma de cortar en rodajas finísimas el récord mundial) ya dejó hace años el tope mundial del salto con pértiga en 6,15 metros.
La realidad es que las marcas en especialidades como atletismo, natación o halterofilia -los tres deportes que mejor pueden medir el rendimiento físico absoluto del ser humano- han progresado en las últimas décadas hasta niveles difíciles de imaginar. El desarrollo en las técnicas de entrenamiento, unido a los avances en nutrición, fisioterapia y detección de talentos se ha visto reflejado en conjunto en una progresión imparable de los records.
Einmahl
Pese a todo, siguen apareciendo sabios que se lanzan sin red al abismo de los pronósticos. A nadie sorprende la aparición de nuevas predicciones acerca de nuevos ‘límites absolutos’ del ser humano. Se trata de una tarea que siempre ha atraído a los matemáticos y combina la ciencia con el juego. El último en atreverse con el futuro ha sido John Einmahl. Este matemático de la universidad alemana de Tilberg hizo pública recientemente la última de las previsiones, basada en lo que los estadísticos llaman ‘teoría de extremos’, una herramienta que se aplica también con frecuencia para estimaciones de tendencias de bolsa, seguros de vida y proyecciones de incremento de precios.
El estudio de Einmahl se circunscribe sólo a 14 de las 47 disciplinas del atletismo. Sus cálculos se quedaron muy cortos en algunas pruebas como el maratón masculino y sin embargo han establecido una bonita cifra para el récord mundial de velocidad. Según el matemático holandés, existe un límite infranqueable para el récord mundial de los 100 metros lisos. ¿Cuál es? 9,29 segundos.
Aunque algunas de las cifras de Einmahl suenan esta vez como límites razonables, lo cierto es que los buenos aficionados al deporte saben que todas estas predicciones siempre acaban en nada. Hay una frase del inolvidable saltador de altura Dwight Stones que se debe tener presente cuando se habla de las barreras del ser humano. El genial atleta estadounidense siempre decía lo mismo: “el cuerpo no sabe que tiene límites. ¡Es el cerebro el que lo estropea todo!”. Stones estaba obsesionado con la altura de 2,31 metros. Intentaba este récord mundial casi cada semana y lo consiguió en su tentativa número 68… ¡justo cuando no tuvo más remedio que saltarlo para no ser derrotado en una competición!
La realidad es que la tecnología ha contribuído de forma indudable a la progresión de los records. Las marcas en atletismo no habrían evolucionado de la misma forma si no fuera por la llegada de las pistas de material sintético (que aparecieron a finales de los años sesenta), los tacos de salida (que reemplazaron a los míticos hoyos de los años veinte), las superior ligereza de las zapatillas, pértigas de fibra de vidrio y de carbono, colchonetas de caída, máquinas de pesas, entrenamientos diseñados y analizados por ordenador...
Lamentablemente, la utilización de sustancias prohibidas también ha contribuido de forma notable al avance de las marcas, en especial debido al dopaje sanguíneo en especialidades de resistencia y a los esteroides en esfuerzos explosivos y de corta duración.
Bolt
El récord del mundo de los 100 metros fue destrozado el pasado mes de agosto. El nuevo tope, en posesión del jamaicano Usain Bolt, está situado en 9,58 segundos… He aquí un atleta con un excelente margen de progresión. Es joven, su evolución parece natural –incluso habla en contra del dopaje- y él mismo ha anunciado que quiere llevar el récord por debajo de 9.50.
Curiosamente, hace siete años, a un velocista británico se le ocurrió anunciar que al año siguiente iba a destrozar el récord mundial de los 100 metros. “Ganaré los Mundiales de París con una marca de 9.65”. Era Dwain Chambers quien pronunciaba estas palabras, pero no pudo siquiera participar en aquellos campeonatos del mundo. Fue sancionado por dopaje al encontrarse en su orina restos de THG, el anabolizante de diseño que originó uno de los mayores escándalos de dopaje de los últimos tiempos: el caso BALCO.
Bañadores
La natación es otro deporte que progresa de forma imparable. Tristemente, la retirada de Ian Thorpe (uno de los nadadores que más han “empujado” los límites del ser humano en la piscina) sitúa a Michael Phelps como la referencia máxima de este deporte. Y la realidad es que el de Baltimore es aún joven y sigue logrando cronos en la especialidades de estilos y mariposa que le auguran años de superación de los límites del ser humano. Phelps, que ya ha superado la mítica proeza de la natación (los siete oros olímpicos que obtuvo Mark Spitz en los Juegos de Munich’72) está centrado ya en los juegos de Londres 2012.
De cualquier manera, siempre habrá escépticos acerca de la imparable progresión del ser humano. Los traumatólogos y los especialistas en Biomecánica centran siempre su argumentación (generalmente conservadora) en la limitación de las estructuras que dan soporte a la unión músculo-hueso (los tendones) y a las articulaciones (los ligamentos). En 1982 se habló con frecuencia de un monstruoso salto de longitud protagonizado en Indianápolis por Carl Lewis. Al parecer, el “hijo del viento” había pisado la plastilina por milímetros (hubo testigos que negaron que hubiera sido nulo) y no se llevó a cabo la medición. Muchos de los periodistas cercanos al foso en aquella competición aseguran que fue un salto de 9,15 metros (veinte centímetros por encima del que figura todavía como récord mundial). También se habló de un salto nulo de 9,20 metros a cargo del cubano Pedroso.
Cuando se divulgó la noticia del salto de Lewis (que hubiera supuesto superar la mítica barrera de los 30 pies en el mundo anglosajón) Gideon Ariel, uno de los mayores expertos en Biomecánica a nivel mundial manifestó su escepticismo. “Un salto de esa magnitud es imposible. El fémur estallaría en pedazos y todos los ligamentos de la rodilla se romperían. El organismo no puede con la presión que se debe generar para alcanzar saltos por encima de los nueve metros”. Sin embargo, la progresión física del ser humano siempre deja en ridículo a los escépticos. En 2012, con los Juegos de Londres en el horizonte, presenciaremos hazañas impensables y records que nadie espera. Es la eterna lucha del ser humano, siempre ávido de nuevos retos.
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