En momentos de incertidumbre, una expectativa es lo que se considera lo más probable que suceda. Por tanto, se trata de una suposición centrada en el futuro que puede o no ser realista.
Cuando finalmente el resultado es menos favorable al de la expectativa inicial, el sujeto experimenta una decepción o fracaso. Es decir, llamamos fracaso al resultado fallido y frustrante de una expectativa: algo que tenía que suceder no ha sucedido, o lo que no tenía que suceder ha sucedido, lo que conlleva que el sujeto experimente un sentimiento de consternación incapacitante, desmoralizador.
¿Qué son y cómo funcionan las expectativas?
Es aquí donde empezamos a vislumbrar el funcionamiento de las expectativas. Éstas generan sentimientos subjetivos asociados a un resultado objetivo. Por tanto estamos hablando de dos dimensiones claramente diferenciadas: el resultado y los sentimientos.
Si nos distanciamos por un momento de los sentimientos producidos por el resultado obtenido, podemos analizar objetivamente lo que ha sucedido y corregir de cara a futuras ocasiones los aspectos necesarios para obtener un resultado positivo, más acorde a las expectativas iniciales que generaría en nosotros sentimientos mucho más positivos.
Por otra parte, es necesario también trabajar con los sentimientos generados por las expectativas, es decir, con la interpretación que hacemos de los estados emocionales producidos por el mal resultado y cómo los asociamos a nuestra identidad. El resultado final de una acción (sea bueno o malo) está producido, como veremos a continuación, por múltiples factores. Es por ello que debemos de huir de interpretaciones simplistas en las que un mal resultado se vive como un déficit personal, como un fallo de nuestras capacidades y recursos.
Aspectos psicológicos relacionados con el rendimiento deportivo(1): El papel de la autoeficacia
Dentro de los aspectos psicológicos relacionados con el buen rendimiento del deportista podemos destacar:
- Su capacidad para centrar la atención en estímulos relevantes.
- Su capacidad para controlar estados emocionales positivos y negativos producidos por la práctica deportiva.
- Su capacidad para percibirse como competente para la realización de determinadas tareas. Esta última característica se denomina autoeficacia, y está íntimamente ligada con las percepciones y valoraciones que el deportista tiene acerca de su propia capacidad para realizar correctamente una tarea, y de ella dependen gran parte de los resultados en los encuentros deportivos.
Según Bandura (1986), la autoeficacia se define como “los juicios de cada individuo sobre sus capacidades, con base en las cuales organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado”. Para este autor, la percepción que un individuo tiene de sí mismo supone una interpretación subjetiva de la propia competencia en la que es el propio sujeto quien evalúa sus propias capacidades y las dimensiona en relación con la tarea, basándose en la información que tiene de sus anteriores actuaciones, de la experiencia de otros y de la persuasión social, entre otros aspectos. Por tanto, este autor asigna una gran importancia a las expectativas de autoeficacia, al considerarlascomo “(…) uno de los mecanismos más influyentes en la explicación del comportamiento”.
Algunos estudios que relacionan esta teoría cognitivo social de la conducta humana con el contexto deportivo (Beauchamp, Bray, Fielding y Eys, 2005; Karademas 2006; Garrido, 2000; Morilla, 2001; Sheldon y Eccles, 2005) han encontrado que la percepción de una alta competencia se relaciona con una mayor participación en actividades físicas deportivas y mejores ejecuciones, no sólo en competencia, sino también en entrenamiento. Según algunos de estos autores, “cuando la persona se percibe como altamente capaz para realizar una determinada tarea, muestra un gran interés y compromiso, invierte más tiempo y esfuerzo, anticipa resultados, planifica metas, hechos que le permiten al individuo aumentar el esfuerzo requerido para la tarea y persistir aunque tenga dificultades o adversidades, además de mostrar una mejora en el rendimiento como resultado de un buen proceso de preparación”.
Por tanto, el concepto de autoeficacia o percepción de la propia eficacia hace referencia a la creencia en las capacidades actuales para realizar con éxito una determinada actividad y no a las capacidades futuras. Este concepto no debe confundirse con la probabilidad de tener o mejorar las capacidades en un futuro, ya que explícitamente se refiere a las creencias actuales para ejecutar satisfactoriamente actos en un futuro. Son los actos entonces, los que están expuestos en un futuro y no las capacidades para realizarlos.

Rendimiento deportivo: factores y limitadores(2)
Los factores que intervienen directamente en el rendimiento deportivo de un sujeto (carácter, características volitivas, técnica, táctica, condición física, características psíquicas y factores externos) son los que van a definir los campos de actuación para establecer las posibles estrategias de mejora del mismo.
Por otra parte, entre los factores limitadores, cabe destacar el papel del temido estrés, ya que por sí mismo, como veremos a continuación, puede llegar a provocar bloqueos físicos (inmovilidad, tensión, rigidez, etc.), emocionales (nervios, frustración, miedo, etc.) y mentales (pensamientos de incapacidad, de rendición, etc.).
Entendemos el estrés(3) como “el desequilibrio sustancial percibido por el sujeto entre la demanda que le hace el entorno y su capacidad de respuesta, en condiciones en las que un posible fracaso ante dicha demanda puede tener implicaciones importantes para el propio sujeto”. Sabemos que un determinado nivel de estrés estimula el organismo permitiendo que éste logre su objetivo, para, una vez que el estímulo ha desaparecido, volver a la normalidad. En este sentido, este determinado grado de estrés permite al deportista conseguir un buen resultado en una competición, ya que implica un aumento de la actividad muscular (más irrigación, el corazón late mas rápido, etc.), lo que le ayudará a alcanzar el éxito y conseguir su objetivo. Una vez finalizado el ejercicio físico se produce un descenso de las constantes y el organismo vuelve a su estado basal.
En aquellas situaciones en las que el estímulo estresor permanece más tiempo del esperado y, por tanto, el deportista mantiene una presión muy elevada, puede llegar a entrar en un estado de resistencia en el que predomina una sensación de disconfort. Llegados a este punto el deportista comenzará a notar tensión muscular, palpitaciones… alcanzando incluso un estado de agotamiento en el que pueden darse con facilidad alteraciones funcionales y/u orgánicas. En las ocasiones en las que esto sucede, es posible que el deportista perciba todos estos síntomas como negativos, produciéndose un estado de preocupación que no hace más que agravar por sí mismo la situación. En el momento que confluyen los rasgos somáticos percibidos por el deportista con pensamientos negativos y, en consecuencia, un estado emocional negativo, podemos hablar de ansiedad.
La Psicología del Deporte ha dedicado, y sigue dedicando hoy en día, muchas páginas al estudio de la ansiedad en los deportistas de alto rendimiento (Martens, R., 1977, 1983; Hanin, Y., 1989, Spielberger, C. D., 1989…). Este hecho se debe a que los estados emocionales negativos ejercen una gran importancia tanto en el rendimiento competitivo alcanzado por el deportista, como en sus entrenamientos. Autores como J. Hammermeister, y D. Burton (2001), entre otros, confirman en sus estudios que muchos de los fracasos de deportistas de élite se explican por problemas en el manejo de la ansiedad.
Bibliografía
(1)
Guillén Rojas, N. (2007): “Implicaciones de la autoeficacia en el rendimiento deportivo”. En Pensamiento Psicológico, julio-diciembre, año/vol. 3, número 009 Pontificia Universidad Javeriana Cali, Colombia pp. 21-32.
(2) Gimeno, F.; Buceta, J. M. y Pérez-Llantada, M. C. (1999). El cuestionario de “Características Psicológicas relacionadas con el Rendimiento Deportivo” (C.P.R.D.): Características psicométricas. En A. López de la Llave, Pérez-Llantada, M. C. y Buceta, J.M. (eds.) Investigaciones breves en Psicología del Deporte, pp. 65-76. Madrid: Dykinson.
(3)De Lucas, M (2008): “Pautas para favorecer la autoestima en grandes competiciones”. PREVENIR. Vol: 33, pg: 49-53.
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