
(1)Durante los tres primeros años de vida, las personas adquirimos la gran mayoría de las facultades imprescindibles para el posterior correcto desarrollo de los procesos de aprendizaje y de educación tan necesarios en la etapa de la vida adulta. Por ello, el desarrollo motriz es fundamental para el perfeccionamiento completo del cerebro, y tiene gran incidencia en momentos posteriores de la vida.
Una correcta estimulación a nivel motor implica, entre otros muchos, los siguientes beneficios:
- Mejora de la capacidad de concentración y de la capacidad intelectual.
- Desarrollo de la visión próxima.
- Aumento de la destreza manual, así como del sentido del tacto.
- Mejora del sentido del equilibrio y la orientación témporo-espacial.
- Mejora del sentimiento del niño, desarrollando el pensamiento, aumentando la experiencia y permitiendo al individuo una mejor respuesta expresiva.
- Favorece el descanso y el sueño e influye en la socialización y en el establecimiento de apropiadas relaciones personales.
Sin embargo, el correcto desarrollo motor no es una condición indispensable garantizada por el mero hecho de llegar a este mundo, sino que depende de la oportunidad que el entorno brinda a cada sujeto para poder moverse, es decir, depende directamente de la práctica y de la calidad de los movimientos realizados por el propio individuo. En este sentido, la sociedad actual debería garantizar, al menos durante este período de vida tan importante, la adquisición correcta de los hitos motores evolutivos en cada uno de los nuevos miembros de la misma. Para ello sería conveniente realizar programas de actividad física que estuvieran integrados en la vida diaria de los niños.
El lector interesado puede encontrar pautas básicas de orientación a este respecto en las líneas que vienen a continuación(2).
La actividad física del niño durante su primer año
- Primer trimestre (0-3 meses): los objetivos a tener en cuenta tienen un carácter orgánico, es decir, se trata de que el niño en esta primera etapa de su vida active sus funciones vitales mediante los reflejos que posee desde el mismo momento de su nacimiento. A través de movimientos pasivos, el adulto puede potenciar dichas funciones, optimizando su desarrollo que de otra manera podría verse naturalmente limitado. Por otra parte, y de manera paralela, se desarrollan objetivos de carácter socio-afectivos, ya que en estos momentos de interacción con el bebé, el adulto crea unos momentos de relaciónque van más allá de los habituales dentro de la vida cotidiana. En estos momentos, el niño puede mostrar su agrado o desagrado, por lo que el ambiente le está aportando experiencias de interacción socialdesde muy tempranamente.
- Segundo trimestre (3-6 meses): todos los órganos que poseemos los seres humanos desde antes de nacerestándestinados a desarrollar una función. El correcto desarrollo de cada una de las funciones de todos estos órganos depende en gran medida de una serie de estímulos que proporciona el medio externo. Aunque todos los órganos presentes en el niño son vitales para el correcto desarrollo del mismo a nivel físico y psicológico, en esta etapa adquieren especial relevancia aquellos órganos involucrados en el control del equilibrio y la percepción de los sentidos.
- Tercer trimestre (6-9 meses): esta etapa sirve de trampolín entre la anterior y la siguiente, ya que en ella el niño debe alcanzar un equilibrio en sus funciones básicas y prepararse para el gateo, el cual será muy importante en la etapa posterior.
- Cuarto trimestre (9-12 meses): durante este período se hacen cada vez más complejos los objetivos alcanzados en las etapas anteriores. En este último periodo del primer año de vida, se activa el gateo y se desarrolla la coordinación del primer movimiento contralateral. Aproximadamente a los 12 meses, el niño consigue alcanzarel equilibrio en bipedestación gracias al control neuromuscular de la cabeza-espalda-cintura pélvica-miembros inferiores. Las acciones manipulativas deben ser atendidas de manera consciente. Cuando las actividades con el niño se realizan de manera natural y placentera por parte de los adultos, se intensifican las relaciones afectivas entre ellos.
La actividad física del niño durante su segundo año
- Quinto trimestre (12-15 meses): en esta etapa el niño consigue caminar, por lo que los objetivos más importantes a desarrollar durante este período son el afianzamiento del equilibrio en bipedestación sin ningún tipo de ayuda y el desarrollo de la marcha autónoma, en este caso con ayuda. El gateo sigue siendo muy útil para el niño, no sólo como medio eficaz en los desplazamientos autónomos, sino también como refuerzo de los músculos de la cintura escapular. En este trimestre se intensifica la importancia de los momentos de relajación para el niño, así como las acciones manipulativas con las manos, ya que en ambos momentos se desarrolla su inteligencia.
- Sexto trimestre (15-18 meses): generalmente, el niño en este trimestre ya es capaz de caminar y de desplazarse hacia atrás, por lo que buscará el desarrollo del equilibrio desde otros movimientos (inicio de la carrera, etc.). Es un momento evolutivo idóneo para el desarrollo de la relación interpersonal entre niño y adulto, por lo que debemos esforzarnos en propiciar situaciones que lo faciliten e insistir en la realización de actividades conjuntas.
- Séptimo y octavo trimestre (18-24 meses): momento evolutivo importante de cara al desarrollo del lenguaje oral del propio niño, el cual se relaciona en gran medida con la calidad y la cantidad de experiencias relacionales positivas anteriores. Además, el niño alrededor de los 2 años debe contar con una gran experiencia motriz que le capacitará para: caminar hacia atrás con seguridad, realizar cambios de dirección de manera suave, correr con continuidad, manejar las hojas de los cuentos sin doblarlas, meter y sacar pequeños objetos de cajas, formar puzzles de pocas piezas, hacer diversos trazos con pinturas, etc.
La actividad física del niño durante su tercer año (24-36 meses)
Al realizar cualquier movimiento, una persona realiza de manera simultánea tres operaciones:
- Una operación de carácter fisiológico, en la que se implican varios órganos vitales en cargados de la respiración, del correcto funcionamiento cardiovascular, etc.
- Una operación propioceptiva, es decir, el funcionamiento o puesta en marcha del cerebro.
- Y una operación motriz propiamente dicha, encargada de la coordinación dinámica general.

Hasta este momento evolutivo se ha hecho especial hincapié en aquellos aspectos más referidos a los 2 puntos mencionados en último lugar, es decir, la propioceptividad y el control de la coordinación. Sin embargo, el movimiento en sí queda incompleto porque no se ha prestado atención a la vertiente más fisiológica del mismo. Durante el último año de este periodo tan importante en la vida de todos los seres humanos se ha de buscar la integridad biológica de la acción motora, concediendo atención por tanto a las tres operaciones implicadas en el movimiento por igual.
Así, el período comprendido entre los 2 y los 3 años marca el limite entre la edad temprana y preescolar(3). En esta primera etapa de la vida del niño, como hemos ido desgranando, ha ocurrido un crecimiento acelerado en el organismo y se han alcanzado importantes logros en el desarrollo. A partir de este momento el niño continúa con su evolución de manera progresiva y contando con estrategias más complejas de actuación directa hacia el entorno que le rodea. Buenos ejemplos de ello son, por un lado, la capacidad de desplazamientos que ha alcanzado a esta edad le permite el desarrollo de la capacidad de orientación; y, por otro lado, en la medida que se sigue desarrollando su lenguaje y su propio pensamiento, el niño va modificando cualitativamente la comprensión del lenguaje del adulto, de manera que puede iniciarse el proceso de escucha activa tan importante para el correcto desarrollo social y emocional de todas las personas.
Bibliografía
(1) Erice Echegaray, B. (2001): “Enseña a tu hijo a moverse”. Instituto Navarro de Deporte y Juventud
(2) Aguirre Zabaleta, J.(2001): “La actividad física del niño de cero a tres años”. Instituto Navarro de Deporte y Juventud
(3) González Rodríguez, C. (2001): “La actividad motriz del niño de 2 a 3 años”. En http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 7 - N° 42.
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