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INVESTIGACIÓN Y PREVENCIÓN

EL DEPORTE Y LAS RELACIONES SEXUALES

“Existe la falsa creencia de que las relaciones sexuales afectan al rendimiento de los deportistas. Sin embargo, durante el Mundial de México en 1986, los equipos europeos viajaron con sus parejas y a pesar de ello, los estudios médicos y psicológicos demostraron que el rendimiento deportivo de dichos equipos no se veía mermado, mientras que, por el contrario, la abstinencia sexual prolongada sí afecta al rendimiento.”

Por Mónica de Lucas Martínez
Psicóloga

La sexualidad es un aspecto fundamental en la vida de todos los seres humanos y, por tanto, los deportistas no son una excepción. Es por ello que en las siguientes páginas se hablará de aspectos relacionados con las relaciones sexuales y la práctica deportiva, con el objetivo de desmitificar algunas creencias erróneas que relacionan el rendimiento deportivo y la práctica sexual.

No es necesario que insistamos aquí en la idea de que todas las personas somos distintas, ni que también lo son las sociedades y culturas en las que vivimos. Este mismo pensamiento nos lleva a plantearnos que la forma de manifestar la sexualidad en cada uno de nosotros también será muy diferente.

Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Hasta finales del siglo XIX(1), la sexualidad se relacionaba exclusivamente con la reproducción y únicamente por ésta se justificaban las relaciones sexuales. Por tanto, el sexo hasta ese momento se regulaba por las normas morales de una sociedad supuestamente puritana. Tras el cambio de mentalidad y las nuevas concepciones sobre la persona derivados de las grandes revoluciones que tuvieron lugar durante esas mismas fechas, muchos investigadores comenzaron a considerar la sexualidad como “una realidad humana, capaz de unir la dimensión biológica y social del ser humano”. Por ello, la sexualidad es “una necesidad básica del ser humano como también lo es la búsqueda de afecto, y aunque es posible reprimirla o negarla, no lo es anularla”.

Desarrollo evolutivo de la sexualidad

La sexualidad de cada persona cambia a lo largo de toda su vida. A continuación se resumen los aspectos más relevantes de cada una de las etapas del desarrollo evolutivo sexual:

Etapa neonatal: en esta etapa se da la asignación de géneros, por lo que aparecen actitudes y conductas diferentes por parte de los progenitores en función de si es niño o niña. El niño o niña procurará ajustarse a las expectativas comportándose de manera diferencial.

Primera infancia: durante esta etapa se establecen los vínculos de afecto con los referentes más próximos, que suelen ser los padres, los abuelos… Estos generan sentimientos de protección, proporcionando seguridad y cariño hacia el niño. También se aprende a reconocer y a expresar emociones. Algunos estudios afirman que los déficits en la vinculación afectiva pueden tener consecuencias en la sexualidad adulta.

A partir del año y medio se adquiere una identidad sexual, es decir, el niño o la niña se autoclasifica como niño o niña, apareciendo lo que se conoce como concepto de género. En etapas posteriores la curiosidad del menor puede llevar a explorar su propio cuerpo y el de los otros; esta curiosidad no es más que un juego autoexploratorio, que debería vivirse como algo íntimo y no prohibido.

A partir de los 6 años la influencia de los agentes de socialización aumenta considerablemente, llegando incluso a reprimirse la conducta sexual, fijándose las bases de una futura moral sexual adulta. La falta de respuestas ante dudas sexuales convierte a lo sexual en lo prohibido (a veces suele considerarse como pecado). Ya durante esta etapa es muy conveniente una buena información sexual, ya que la importancia de los modelos de hombre y mujer que se asimilen puede condicionar la forma de vivir la sexualidad de forma personal. Así, un modelo represivo sexual puede inhibir y culpabilizar al individuo mientras que un modelo donde se admiten imperfecciones, donde cada uno puede mostrarse tal y como es, puede resultar más saludable.

Etapa de los 6 a los 12 años: considerada como de latencia, ya que aparentemente no hay actividad relacionada con lo sexual.

Etapa de la adolescencia: se inicia con la pubertad, que es más un proceso de desarrollo endocrino y corporal (crecimiento, aumento de los genitales, primera regla y eyaculación, vello en el pubis, agravio de la voz en chicos, granos…) que produce cierta inestabilidad. Las expectativas de los cambios pueden generar mucha inseguridad. También pueden surgir en esta etapa conflictos entorno a la identidad sexual y la orientación del deseo. Con el grupo de iguales el adolescente afianzará su identidad sexual y su figura corporal le dará un prestigio social. Si no cumple con los cánones impuestos por las modas que imperen en ese momento y que en su mayoría son inalcanzables, el adolescente puede sentir malestar e inseguridad.

¿Qué es la sexualidad?

Ya en la Antigua Grecia se desarrolló la idea de “almas gemelas”, que suponía que los miembros de una pareja eran como dos mitades que se buscaban para unirse sexualmente y formar una criatura completa. Los hombres y las mujeres, a lo largo del tiempo, han experimentado ese intenso y ancestral deseo de unirse como si fueran un solo cuerpo.

Como decíamos anteriormente, lo que define la sexualidad de cada individuo es la compleja interacción entre constitución genética, los estímulos ambientales y las influencias culturales. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la sexualidad humana en los siguientes términos: “Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.” (2)

Por tanto, tal y como se desprende de esta definición aportada por la OMS, se pueden diferenciar varias dimensiones dentro de la sexualidad, como son:

Dimensión biológica de la sexualidad(3): Esta dimensión es la encargada de suministrar el sustrato anatómico fisiológico sobre el que se desarrollarán los distintos matices de la sexualidad de la persona. La dimensión biológica es trascendental en distintos ámbitos de la vida sexual, como son: la procreación, el deseo sexual, la respuesta sexual, etc. Todos ellos están influenciados por la anatomía sexual. Así mismo la alteración física o fisiológica puede acarrear distintos trastornos sexuales o enfermedades, que afecten a la vida sexual de la persona. A su vez esta dimensión incluye varios factores importantes:

Sistema genético: Referido a la carga cromosómica del genoma humano “XX”, “XY”, que se define en la fecundación, y que es determinante en la dimensión biológica del sexo de la persona.

Sistema hormonal o endocrino, es el encargado de mantener los niveles de hormonas necesarios para el correcto funcionamiento del organismo. Concretasistemente las hormonas más directamente implicadas en la sexualidad humana son: la testosterona, la progesterona, y los estrógenos. Estos tres tipos de hormonas están presentes tanto en las mujeres como en los hombres, auque en diferentes cantidades y proporciones. Así los hombres poseen principalmente testosterona (por eso se conoce como hormona masculina) y una pequeña cantidad de estrógenos y progesterona, mientras que por el contrario las mujeres segregan en su mayoría estrógenos y progesterona (de ahí que se denominen hormonas femeninas) y sólo una pequeña cantidad de testosterona. A pesar de esto, los niveles de hormonas sexuales también varían de una persona a otra y dependiendo de los momentos de la vida.

Estructura anatómico-fisiológica del hombre y la mujer, que determina aspectos de la relación sexual, respuesta sexual, excitación, procreación, etc. Aquí se incluyen no sólo la anatomía y fisiología de los genitales tanto masculinos como femeninos, sino también los caracteres sexuales secundarios.

Dimensión psicológica de la sexualidad(4). Referida a la forma en que cada individuo retoma y reproduce todo lo que su sociedad le enseñó que debe hacer o cómo debe actuar. Esta dimensión está integrada por los sentimientos, las ideas y la forma en que nos comunicamos. Pero en ella también se encuentran nuestros miedos, deseos, fantasías y afectos, la experiencia subjetiva del amor y los demás vínculos. Entre todos estos hay dos muy importantes: la identidad sexual y la preferencia u orientación sexual. La primera hace referencia a la percepción íntima y personal de pertenecer a uno de los sexos, por lo que además de tener un cuerpo masculino o femenino, la persona se percibe a sí misma como hombre o mujer; mientras que la segunda se refiere a la atracción afectiva y erótica hacia los otros. Por tanto, la mente humana juega, como acabamos de ver, un papel decisivo a la hora de vivir y sentir la sexualidad. Nuestras forma de percibir la belleza, nuestras ideas sobre lo que está bien o mal en cuanto al sexo, nuestra personalidad, nuestras convicciones, el temperamento de cada persona, son factores fundamentales en nuestras relaciones sexuales. Nuestra propia identidad sexual, nuestra orientación sexual, depende en gran manera de nuestro modo de vernos y entendernos psicológicamente en relación a lo sexual.

Dimensión social de la sexualidad, que engloba el papel fundamental que ejerce la familia, los amigos, la educación recibida en el colegio, la religión, etc., sobre la sexualidad. Ya hemos vistos en estas páginas que las distintas sociedades poseen modelos distintos de entender y vivir la sexualidad. Es por ello que existen grandes mitos sobre la calidez erótica de los latinos, la represión sexual de los países árabes, etc.

Sin embargo, una vez más, vamos a insistir en la idea de que []el ser humano es una unidad holística e indivisible, de modo que estas tres dimensiones están íntimamente relacionadas y condicionadas unas por otras, por lo que no podemos separar el cuerpo físico de la mente, de las creencias o de la educación recibida.

Deporte y Sexualidad

Las relaciones sexuales tienen un efecto terapéutico, ya que fortalecen el sistemente ma inmunitario, alivian el dolor e incluso mitigan algunos tipos de migraña. Durante el coito el sistema nervioso central secreta analgésicos naturales llamados endorfinas, estas sustancias producen un estado de satisfacción y de relajación.

Además, el gasto calórico de una relación sexual es mínimo (entre 150 y 350 calorías), dependiendo de las variaciones de las posturas, cantidad de movimientos, velocidad y duración (5).

A pesar de ello, existe la falsa creencia de que las relaciones sexuales afectan al rendimiento de los deportistas. Sin embargo, durante el Mundial de México en 1986, los equipos europeos viajaron con sus parejas y a pesar de ello, los estudios médicos y psicológicos demostraron que el rendimiento deportivo de dichos equipos no se veía mermado, mientras que, por el contrario, la abstinencia sexual prolongada sí afecta al rendimiento.

Así mismo, está demostrado que una actividad sexual moderada, en un clima tranquilo y de afecto, ayuda a calmar la ansiedad inevitable antes de una competición deportiva, ya que puede actuar como factor anti-estrés y fuente de placer al liberar endorfinas, lo que provoca un mejor estado de ánimo.

Por otra parte, también encontramos beneficios en el sentido contrario. Es decir, una práctica deportiva regular ayuda a mejorar la calidad de las relaciones sexuales. En este sentido, de acuerdo a un estudio dirigido por Pat Kendall Taylor y realizado en la Universidad británica de Newcastle, “los hombres mayores que practican un deporte regularmente tienen una vida sexual más activa” (6). Las conclusiones de dicho estudio afirman que “el deporte incrementa la producción de testosterona”. Además, los profesionales implicados en el estudio detectaron que el grupo más activo de los participantes en esta investigación “tenía un valor más alto de una hormona de crecimiento”. La hormona de crecimiento y la testosterona decrecen a partir de los 40 años y conlleva no sólo a una disminución de la masa muscular sino también a tener un menor impulso sexual. En palabras textuales de la directora anteriormente citada “nuestra investigación prueba que los hombres que realizan regularmente deporte no sólo son más sanos, sino también producen más hormonas que son características en cuerpos jóvenes y activos”.

Bibliografía

(1) Dossier de Formación - En Plenas Facultades ¿QUÉ ES LA SEXUALIDAD HUMANA? En www.fsyc.org/epf/Materiales/sexualitatcast. pdf

(2) Defining sexual health Report of a technical consultation on sexual health 28–31 January 2002. Ginebra/ OMS 2006

(3) Merleau Ponty, M (975): “Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia misma del ser humano”

(4) En http://www.hispanohablantes.nl/carolina/ Dimensiones_Sexualidad.html

(5) García, A. J.: “Sexualidad y deportes”. En El País. Deportes

(6) Médicos Consultores - TrainerMed.com

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